Vida fraterna
Jesucristo, si Tú no estás vivo en medio de nosotros, se hará imposible el ideal fraterno.
Nos dice San Pablo en su carta a los Efesios:
“Os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados.
Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor.
Esforzándoos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.
Malas palabras no salgan de vuestra boca; lo que digáis sea bueno, constructivo y oportuno, así hará bien a los que lo oyen.
Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda maldad.
Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo” (Efesios 4, 1-3/29-32)
Querido amigo, he aquí en este texto, de San Pablo, un buen examen para tomarnos la temperatura de nuestra vida en la relación con los demás.
Otro texto bien conocido de San Pablo, es el himno al Amor, de I Cor.13; también muy exigente que te animo a meditarlo entero, pues merece tomarlo en cuenta igualmente, para probar si nuestra vida devocional, es consecuente con nuestra vida fraterna. Aquí te dejo unos versículos también muy cuestionadores:
“El amor es paciente, es benigno, el amor no tiene envidia, no presume, no se engríe; no es indecoroso ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia; sino que goza con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta…” (I Cor 13,4-7)
Pero el amor muchas veces se nos pone a prueba, en nuestras relaciones, cuando frecuentemente surgen hermanos con los cuales la relación se hace más difícil, por distintas circunstancias. Sin embargo, la primera condición para amar, querido amigo, es el respetarse. Aunque no haya afinidad ni se pueda dar una estrecha amistad con “el otro hermano”, el respeto siempre se puede y se debe conceder.
Reza lentamente y medita la siguiente oración:
Jesucristo, Señor y hermano nuestro,
Pon un candado a la puerta de nuestro corazón, para no pensar mal de nadie, no prejuzgar, no sentir mal, para no suponer ni interpretar mal, para no invadir el santuario sagrado de las intenciones.
Señor Jesús, lazo unificante de nuestra fraternidad,
Pon un sello de silencio en nuestra boca para cerrar el paso a toda murmuración o comentario desfavorable, para guardar celosamente hasta la sepultura las confidencias que recibimos o las irregularidades que observamos, sabiendo que la primera y concreta manera de amar es guardar silencio.
Siembra en nuestras entrañas fibras de delicadeza. Danos un espíritu de alta cortesía para reverenciarnos unos a otros como lo haríamos contigo mismo. Y, danos al mismo tiempo, la exacta sabiduría para enlazar convenientemente esa cortesía con la confianza fraterna.
Señor Jesucristo, danos la gracia de respetarnos. Así sea.
(E-43 “La gracia de respetarnos”)
Esta oración es exigente pues supone una gran delicadeza y caridad, para respetar y guardar silencio ¡ya desde nuestros pensamientos! hacia las personas. Y eso no se puede conseguir fácilmente sin tener una estrecha relación con el Señor, a través de la oración y viviendo muy atentos a los sentimientos e impulsos que surgen de forma espontánea en nuestro corazón. Porque lo bueno y lo malo siempre salen desde adentro hacia afuera. Por eso, querido amigo, vive asomado a las intenciones del corazón para transformar esos impulsos agresivos o negativos en paciencia y benevolencia. Pero eso no es fácil llevando, una vida descuidada.
Plegaria. –
“Líbrame Señor, de todas las esclavitudes que me fueron impuestas por una sociedad convencional, por el ambiente en el que vivo, por las modas, por los pasatiempos, para que pueda darme mejor a mis hermanos.
Señor, para poder pensar más en los que me rodean, enséñame a contentarme con poco y a usar sólo lo necesario, a no crearme exigencias artificiales, a no preocuparme demasiado de mí mismo, para poder seguirte a Ti, mi única riqueza, y servir desinteresadamente a mis hermanos. Amén”
Querido amigo, sé que todo lo que he expuesto, hasta aquí, es muy exigente… Digamos que ideal: sin embargo, no hagas de ello una cruzada épica, sino que lo irás consiguiendo en tu trato asiduo con el Señor, a través de la oración: Pídele la gracia del amor fraterno, sabiendo que Él está intercediendo por nosotros ante el Padre; y poco a poco, con la ayuda de Dios, irás adquiriendo los rasgos de Jesús, nuestro modelo de vida en el mundo, e irás avanzando en este camino hacia el Amor de Dios que se manifiesta en nuestro trato hacia los demás.
Te doy esta máxima, querido amigo: El misterio y el secreto del amor fraterno, está y estará en imponer las convicciones de fe sobre las reacciones y los impulsos espontáneos: Aunque esa persona no me agrada o se comporta mal, su Padre Dios es también mi Padre Dios. El Dios que a mí me acogió y me perdonó gratuitamente, es también el mismo Dios de esa persona.
Señor Jesucristo, fue tu Gran Mandamiento, Testamento final y bandera distintiva, que nos amáramos como Tú nos habías amado; y Tú nos amaste como el Padre te había amado a Ti. Esa fue la fuente, la medida y el modelo. (E-37 “La gracia del Amor Fraterno”)
Termina rezando el Padrenuestro y detente, unos instantes, en la frase: “Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.
Que el Señor te bendiga y te guarde.
Escucha este Canto de San Francisco de Asís:
C-26 “Hazme un instrumento de tu paz”